viernes 27 de enero de 2012

Amanecer (Sunrise) - (1927)

Presionado por las incesantes peticiones de su amante, un joven campesino decide poner fin al triángulo amoroso en el que se encuentra con un astuto plan: conseguir que su esposa se ahogue aprovechando un paseo en barca y fingir que ha sido un accidente.

Una historia tan simple como ésta, en manos de cualquiera, podría haber tenido un resultado mediocre, pero aqui tenemos una fantástica obra (de obligado visionado para cualquier amante del cine) que quizá sea de las mejores de F.W. Murnau, el genio del expresionismo alemán.

El director nos presenta un trabajo definitivamente artesanal donde casi no hay diálogo y las imágenes toman casi todo el protagonismo, transmitiendo sentimientos de toda indole, que incluso llegan a emocionar, y se convierten en pura poesía para el disfrute del espectador. Y como tal, su metraje puede hacerse lento en varias ocasiones, especialmente hacia la mitad.

Me llama la atención que, acostumbrados a las películas mudas con una sola canción instrumental de fondo, en ésta podamos encontrar añadidos sonoros que completan las imágenes. Es el caso de aplausos, gritos, voces, murmullos, truenos, bocinas... que a mas de uno sorprenderán gratamente. Es posible que esto se deba a que la película se hizo en un ambiente pre-cine sonoro (de hecho, El Cantor de Jazz estaba a punto de estrenarse) y el director decidiera experimentar con elementos de esta nueva corriente "revolucionaria".

En cuanto al plano estético, a parte de una cuidada fotografía, hay que destacar el uso de superposicion de imágenes y mezcla de planos que maravillarán sin lugar a duda. De hecho, ganó el Oscar a la Mejor Fotografía y a la Mejor Calidad Artística de Producción (categoría que sólo se entregó ese año, precisamente).

Se dice que Hitchcock tomó algunas influencias del cine de Murnau y en ésta película descubriremos una conocida melodía que el mago del suspense utilizaba como sintonía de su serie "Alfred Hitchcock presenta". Para los mas atrevidos, sólo diré que presten atención a la escena del fotógrafo.

IMPRESCINDIBLE.

Lo mejor: que aún podamos disfrutar de joyas como ésta.
Lo peor: si no se está en buena disposición, puede resultar en algunos momentos azucarada.