
Tony Manero es un joven italiano de Brooklyn con una vida difícil a sus espaldas: inseguridad laboral, peleas, violencia familiar, y unas amistades poco recomendables. Su via de escape será el fin de semana, cuando Tony se viste de fiesta y se pone a bailar en el "2001 Odyssey".
Con una banda sonora protagonizada casi por los Bee Gees, nos encontramos con un producto que roza mas el mito nostálgico que la calidad. El argumento está hilvanado de manera casi milagrosa y se echa en falta un poco más de sentido narrativo. Es por eso que aquellos que ven la película por primera vez pueden sentirse decepcionados con el resultado.
Veremos una sociedad marcada por la ruptura generacional de valores: los jóvenes se muestran vacíos, sin metas y nihilistas, porque sólo tienen deseos a corto plazo y no son conscientes del mañana. El ambiente nocturno supone una oportunidad para todos, ya que sexo, alcohol y música son la combinación perfecta para liberarse del yugo diario.
Las luces de neón envuelven a los personajes que, enfundados en sus trajes ajustados y sus plataformas, representan una generación decadente que, a pesar de todo, baila y se divierte con esa popular música disco. Salvable queda la actuación de Travolta y las míticas escenas de baile que tanto hemos imitado una y otra vez.
Con los años ha perdido fuerza, pero no se puede negar que es un clásico que hay que ver al menos una vez en la vida.
Lo mejor: las escenas de baile y la BSO
Lo peor: sobran algunas escenas violentas
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